Mis lenguas I – Inglés

“Mis lenguas” es una serie de entradas en las que cada una de ellas estará dedicada a una lengua específica.

¿Cuál es el objetivo de estas entradas? Hablar sobre las distintas experiencias que he tenido a lo largo de los años con algunos idiomas que he aprendido (o que al menos he intentado aprender) y las sobre las diferentes formas en que lo he hecho.

Y qué mejor manera de empezar que hablando sobre el inglés, ¿no? La lengua que casi todo el mundo quiere o ha intentando aprender dondequiera que vayas (excepto en los países de habla inglesa, obviamente (bueno, quién sabe, hay cosas raras en todas partes)). En fin, que me lío. ¡Empecemos!

Ilustración Aprender Inglés

Imagen: freepik.com

Algunos datos sobre el inglés

  • Hablantes nativos: alrededor de 335 millones (Ethnologue) o entre 360-400 (Wikipedia).
  • País de origen: Reino Unido.
  • Lengua oficial en: 67 países y 27 entidades no soberanas.
  • Familia lingüística: Indoeuropea. Germánica-Occidental.
  • Sistema de escritura: Alfabeto latino.

¿Cómo empezó todo?

Aquí es donde la mayoría de la gente se sorprende. La primera vez que puse un pie en una clase de inglés tenía 3 años.

Supongo que suena raro, especialmente si tenemos en cuenta que nací y me crié en una familia monolingüe en el norte de España (y somos buenos en muchas cosas, pero es evidente que hablar inglés no es una de nuestras mayores virtudes como nación). El caso es que por alguna razón mis padres decidieron que hacer que su hija aprendiera inglés en serio desde pequeña podría ser algo útil para el futuro, y vaya si acertaron. Así que empecé a ir a clase de inglés después del colegio varios días a la semana.

[Pequeña anécdota: Mi madre cuenta que cuando empecé a aprender, era tan pequeña, que algunas de sus compañeras de trabajo la criticaban porque creían que era absurdo enviar a una niña de esa edad a clases de idiomas.]

Evolución del aprendizaje

Considerando que empecé a los 3 años y que estuve yendo a clases de inglés hasta los 20, es decir, que he pasado 17 años estudiando el idioma, podríamos decir que esta ha sido probablemente una de las formas menos efectivas de aprender.

Hay que tener en cuenta también que además de las clases extraescolares a las que iba, también tenía clases de inglés en el colegio desde los 6 años, al igual que todo el mundo en España hoy en día.

O sea, que ya debería haberme convertido en una pequeña versión de Shakespeare a los 15 por lo menos, pero…no fue el caso. Probablemente una de las razones por las que resultaron ser años “poco efectivos” es el hecho de que iba a todas esas clases porque tenía que hacerlo, no porque tuviera un interés particular en ello. Cierto es que hubiera sido extraño tener una gran pasión por la lengua inglesa siendo tan joven. Sea como fuere, todo mi contacto con el idioma se reducía a un aula, y eso, es una mala idea.

¿Cuándo empecé a realmente poder hablar?

La verdad es que no lo sé exactamente, pero recuerdo con 13 años haber hecho de “traductora” entre una dependienta del aeropuerto de Gatwick en Londres y mis padres, así que supongo que en aquel momento tenía ya al menos un nivel intermedio.

Aún así, durante bastantes años, a pesar de que podía entender bastante bien lo que oía, me daba vergüenza hablar, incluso con personas que ni siquiera eran nativas. Por otro lado, no estaba acostumbrada a escuchar demasiado “contenido nativo”, nada de películas o series en versión original o libros, sólo música, y muchas veces no prestaba demasiada atención a las letras, que es lo que hubiera sido realmente interesante, al menos desde un punto de vista lingüístico.

El empujón final hacia la fluidez

Estoy más o menos segura de que mi nivel de inglés mejoró MUCHO cuando empecé a exponerme al idioma a diario. La exposición se resumía fundamentalmente a ver muchos vídeos de YouTube sobre mil y un temas diferentes, sólo por el hecho de que me interesaban. Supongo que de alguna manera era una especie de círculo vicioso. Veía vídeos que me interesaban y que a la vez me hacían sentir bien porque me hacían darme cuenta de que tenía un buen nivel, lo cual me motivaba a ver aún más.

Eso unido a que hablaba regularmente con gente con los que la única lengua realmente en común era el inglés me ayudó mucho e hizo que me sintiera más cómoda con el idioma.

Con el tiempo, dejé de ir a clases porque, por decirlo de alguna manera educada, estaba bastante harta ya tras presentarme al examen del nivel C2 de inglés (Certificate of Proficiency in English – CPE) que organiza la universidad de Cambridge.

Estado actual

Hoy en día, uso el idioma a diario en diferentes situaciones, aunque sí es cierto que no suelo tener muchas conversaciones con hablantes nativos. La parte positiva es la siguiente:

  • Hace bastante tiempo ya desde que por fin perdí la sensación de vergüenza que solía experimentar antes.
  • Ya no siento pereza a la hora de ver películas o series en versión original(de hecho me he convertido en una de estas personas odiosas que dicen constantemente que las versiones originales son mejores que las dobladas, excepto para las películas de Disney, ahí entran en juego los recuerdos de la infancia y se convierte en un tema complicado), ni tampoco dejo aparcados libros escritos completamente en inglés, aunque noto que leo con bastante menos rapidez que cuando están escritos en español, pero supongo que eso es normal.

Y eso es más o menos todo, esta es la historia de cómo conocí a vuestra madr…al inglés 🙂




Bea

Bea

¡Hola! Mi nombre es Bea y me encantan los idiomas, por eso escribo artículos sobre cualquier cosa relacionada con ellos que se me pase por la cabeza aquí, en Anything but language. ¡Espero que lo disfrutes!
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